Una tarea más: escribir una redacción sobre motes, apodos, sobrenombres, alias, bautismos y así…

El plan de Guille era estudiar la personalidad de Jorge para achacarle su timidez. Coordinar este proyecto lo llevó a querer erigirse como el “burlón” de toda la escuela. Y con su innata sabiduría logró hacerlo.  
                Finalmente el mote elegido para el pequeño Jorge fue el de “Bimbo”, el personaje mascota de la famosa panificadora. El sobrenombre tuvo gran aceptación entre los compañeros. El pobre Jorge preguntaba “¿Por qué? ¿Yo qué tengo que ver con un osito?” creyendo que lo iba a dejar a Guille sin respuesta. Pero este último retrucaba “por simpático pero que al mismo no dice nada”. Los amigos, entusiasmados, lo confirmaban: “es verdad, tiene la personalidad de Bimbo”.
                Guille pensaba que su facilidad para poner sobrenombres lo depositaría en llegar a ser un gran compañero. Pero no uno cualquiera, sino un candidato a ser abanderado. Con el derecho y la obligación de poner apodos.

                Luego llegarían más y mejores motes, como por ejemplo: “Chinchulín calentito” (a un pibe que se enojaba mucho), “Broto Poroto” (a un compañero que se llamaba Juan Pablo Broto), “Escobillón” (al de los cabellos puntiagudos), “La Pelo-pincho” (a una chica con los pelos parados por el uso de gel) y demás.

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