Ejercicio breve: intentar hacer un monólogo. Comenzarlo con expresiones típicas.
                            Que sea creíble. No escaparse de la época en la que esté ambientado.

El jugador de palabras


Mi oficio es jugar con las palabras. Acepto pedidos de “versos” de memoria. ¿Por qué “versos” entre comillas? Porque también me piden mentiras. Que complete las lagunas de sus sueños (pero que no los interprete porque de eso se encargan otros). También despacho cartas de amor, invento insultos para nuevos o viejos enemigos. Confecciono anáforas, repetición de un mismo término en el comienzo de cada una de las estrofas (por ejemplo: Hay quienes dicen, hay quienes aseguran, hay quienes juzgan…). Descifro anagramas, palabras que se forman con la misma cantidad y cualidad de letras pero en distinto orden. En una época fui el guionista fantasma de los famosos aforismos de José NAROSKY (se me viene a la mente: “aprenderás a amar el día que te olvides de odiar”). Siempre dicen presente los chistes, los absurdos, las rimas, los dichos, los cánticos, las redundancias, las paradojas y hasta el querido pero nunca bien ponderado “chamuyo porteño”.

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